La rehabilitación de la fachada de un edificio suele asociarse a la necesidad de un “lavado de cara” de la misma por motivos estéticos. En todos los casos, la obra de rehabilitación del edificio se ejecuta con la mínima interferencia para los usuarios.
Instalado el aislamiento sobre las fachadas, no se reduce la superficie útil del edificio o vivienda.
Se corrigen con toda facilidad todos los puentes térmicos, de modo que se evitan las paredes “frías”, la falta de confort asociada a ellas y, sobre todo, el riesgo de formación de condensaciones superficiales e, incluso, moho. Este aspecto es especialmente importante en el caso de fachadas, pues es donde se producen casi todos los puentes térmicos: encuentros con la estructura (pilares, vigas, frentes de forjado) y formación de huecos (alféizares, mochetas, dinteles, capialzados).
Destacar que, al aislar por el exterior, el muro soporte que forma la fachada se encuentra relativamente caliente, pues está protegido por el aislamiento y, por tanto, cualquier área donde, por el motivo que fuera, se interrumpa el aislamiento térmico, no cambia la circunstancia de que el soporte seguirá básicamente caliente, sobre todo su superficie interior que, por consiguiente, mostrará una temperatura superficial superior al punto de rocío del ambiente interior y, en definitiva, suficiente para evitar fenómenos de condensación.
Se aprovecha toda la inercia térmica del soporte (capacidad calorífica de los materiales de construcción). Se debe tener en cuenta, por ejemplo, que un muro de medio pie (11,5 cm) de fábrica de ladrillo perforado pesa unos 180 kg/m2, lo que equivale a tener una bañera de unos 36 litros de agua por m2 de fachada.
Es especialmente conveniente aislar por el exterior cuando la vivienda o edificio son de ocupación permanente. De este modo, se cuenta con la inercia térmica para estabilizar del modo más efectivo las temperaturas y conseguir una reducción adicional en el consumo de combustible para la climatización (calefacción + refrigeración) del edificio o vivienda.
Normalmente, al ejecutarse la intervención por el exterior, afectará a la totalidad del inmueble, no sólo a una vivienda o local en particular. Por consiguiente, se requerirá, previo a la intervención, el acuerdo expreso de la Comunidad de Vecinos.
En el caso de edificios con un grado de protección como parte del patrimonio histórico-artístico, será muy difícil, o incluso imposible, practicar la intervención por el exterior, dada la alteración que supondría de las fachadas.
Los diferentes sistemas de rehabilitación existentes requieren el asesoramiento de empresas fabricantes e instaladoras especializadas, de modo que se garantice la compatibilidad de todos los productos integrantes del sistema. A tal fin, algunos Institutos de Construcción proporcionan para tales sistemas constructivos los llamados Documentos de Idoneidad Técnica (DIT). Últimamente, dado el marco legislativo armonizado europeo, se están empezando a emitir Documentos de Idoneidad Técnica Europea (DITE).
Si estás valorando mejorar la eficiencia energética de un edificio, es normal que surjan dudas sobre el aislamiento exterior de fachadas, sus ventajas, permisos, posibles limitaciones y la importancia de contar con una instalación profesional. Aquí tienes las respuestas más habituales.
Aislar una fachada por el exterior mejora el confort térmico, reduce pérdidas de energía, evita paredes frías y ayuda a prevenir condensaciones y moho. Además, no reduce la superficie útil de la vivienda, ya que todo el sistema se instala por la parte exterior del edificio.
No. Una de las grandes ventajas del aislamiento por el exterior es que no afecta a los metros útiles interiores. La intervención se realiza sobre la fachada, por lo que las habitaciones mantienen exactamente la misma superficie.
Sí, puede ayudar mucho. Al corregir puentes térmicos en pilares, vigas, frentes de forjado, dinteles o capialzados, se reducen las zonas frías donde suelen aparecer condensaciones superficiales y moho. Eso sí, si existe una filtración directa de agua, también habrá que reparar su origen.
Los puentes térmicos son puntos por donde se pierde más energía y donde la superficie interior puede enfriarse más de lo normal. Esto provoca falta de confort, más consumo en calefacción o refrigeración y mayor riesgo de condensaciones. El aislamiento exterior permite tratarlos de forma más continua y eficaz.
Sí. De hecho, es una solución muy adecuada para viviendas o edificios de ocupación permanente, porque la obra se realiza desde fuera y genera menos molestias en el interior. Además, permite aprovechar la inercia térmica de los muros para mantener una temperatura más estable.
Normalmente sí. Como la intervención afecta a la fachada completa del edificio y no solo a una vivienda concreta, suele ser necesario el acuerdo expreso de la comunidad de vecinos antes de iniciar la obra.
En edificios con protección patrimonial o histórico-artística puede ser difícil o incluso imposible aislar por el exterior, ya que el sistema modifica el aspecto de la fachada. En estos casos, es necesario estudiar soluciones alternativas y consultar la normativa aplicable.
La inercia térmica es la capacidad de los materiales de construcción para acumular y liberar calor. Al colocar el aislamiento por fuera, el muro queda protegido y mantiene mejor la temperatura, ayudando a estabilizar el ambiente interior y reduciendo el consumo energético.
Sí, es lo más recomendable. Los sistemas de rehabilitación de fachadas requieren productos compatibles, una correcta instalación y asesoramiento técnico. Una mala ejecución puede provocar fisuras, humedades o pérdida de eficacia del aislamiento.
Los Documentos de Idoneidad Técnica, conocidos como DIT, y los Documentos de Idoneidad Técnica Europea, conocidos como DITE, sirven para acreditar que un sistema constructivo ha sido evaluado técnicamente. Son importantes porque ayudan a garantizar la compatibilidad y fiabilidad de los materiales utilizados en la rehabilitación de fachadas.